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En un lugar de mi África querida fui a la caza del cocodrilo.
Todo empezó en marzo del 2009 cuando llamé a mi gran amigo Chema Pérez Castells, dueño de la compañía de producciones cinegéticas y “Unico Hunting Safaris”. Le comenté que me gustaría cazar un gran cocodrilo. Su respuesta fue inmediata y me aconsejó ir a las provincias del norte de Sud África.
Así pues, el safari se desarrolló en Ellisras, provincia que se denomina Lephalale, cerca de la frontera de Botswana. El campamento fue muy confortable ya que dispone de un personal agradable y profesional. “Unico Hunting Safaris” esta dirigido por Tania Kaisser, viuda de nuestra amigo y cazador profesional Cristo Kaisser que falleció en un accidente de caza de elefante, el 11 de mayo del 2007.
En esta ocasión, decidí llevar el 375 HH y el 9.3 x 74 R. Este último es un Express, un rifle que consideró que debería tener cualquier cazador africano ya que posee una importante carga emocional. Se trata de un arma para distancias cortas, independientemente del calibre.
Una vez allí, planificamos el primer día de cacería del cocodrilo. Decidimos ir a la zona noroeste del país, a unas dos horas aproximadamente. Después de un buen desayuno, partimos a las 6 de la mañana con los toyotas. La expedición estaba formada por Chema, Fredy y Makay, uno de los mejores rastreadores que he conocido. Llegamos a la hora prevista y nos encontramos con otro cazador profesional que sería nuestra guía durante la cacería. La zona estaba caracterizada por zona montañosa y sabana clásica africana compuesta de acacias y árboles marula. Iniciamos el rececho bordeando las laderas del río llamado Cocodrile River, hasta que llegamos a una laguna. No visualizamos ningún cocodrilo, ya que todavía era pronto y el sol no calentaba excesivamente. Seguimos caminando por senderos hasta llegar a otra laguna rodeada de vegetación. Fue entonces cuando Fredy, visualizó un excelente cocodrilo que estaba soleándose al otro lado de la orilla. Observamos con detenimiento y Chema comentó que el animal debía medir, aproximadamente, 4 metros. Cuando decidimos que era una buena presa, nos acercamos a la laguna silenciosamente, arrastrando nuestros cuerpos por tierra. Una vez llegamos al límite, el cocodrilo se encontraba de costado y a unos quince metros de distancia. Lo observé una vez más con los prismáticos mientras mi corazón latía a toda velocidad. Me tranquilicé respirando profundamente, coloqué mi mochila como punto de apoyo y encare el rifle 375 h&h. Ajusté el visor a cuatro aumentos y apunté a la mandíbula del cocodrilo. Se trata del punto débil del cocodrilo, donde se encuentra el cerebro del animal. Permanecí unos segundos mirando por el visor, apunté y disparé. Inmediatamente doblé el disparo en el mismo sitio. En el primer disparo, el cocodrilo trató de un salto dirigirse al agua, pero no llegó a alcanzarla. En ese momento me invadió una felicidad difícil de describir. La satisfacción, excitación y el riesgo son tres sensaciones que definen la alegría de ese momento.

Permanecimos diez minutos tranquilos y nos acercamos. Era un ejemplar extraordinario que medía cuatro metros y medio. Al cabo de un rato, llegaron los porteadores en un jeep y procedieron a cargar el animal entre ocho personas. Al finalizar, decidimos celebrarlo con un pequeño refrigerio de bilton y unas cervezas a la sombra de un marula.
La caza del cocodrilo es más complicada de lo que parece, ya que al ser un animal prehistórico con un sistema nervioso central poco desarrollado, hace más difícil su caza.
Juan Luis Maestro de León
Barcelona, 02 de julio de 2009
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